CRÍTICA: "El mismo amor, la misma lluvia" (1999) de Juan José Campanella

Ficha técnica:

Director: Juan José Campanella
Cast: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Ulises Dumont, Eduardo Blanco
País: Argentina
Año: 1999
Duración: 116min

Darín, Villamil y Campanella. Esta fórmula no falla. Años antes de su Oscar con “El secreto de sus ojos”, el director sorprendió con este drama romántico en el que nos presenta a Jorge (Ricardo Darín) y a Laura (Soledad Villamil), un joven escritor y una camarera soñadora, quienes se ven envueltos en un amor durante la época de la dictadura militar. Con este contexto y haciendo un racconto a través de los años hasta la época de Menem, Campanella desmenuza esta relación y los personajes (fundamentalmente a Jorge), con suficiente talento para hacerlo relacionables con los espectadores.
Un guión sólido y cuidado es la mayor virtud de la película, la cual también hace alarde de un hilo narrativo bien desarrollado que genera una atracción peculiar en la manera de ser contado. No solo los personajes principales están bien construidos, sino que también Campanella los rodeó de secundarios carismáticos, entrañables y graciosos, cada uno con una personalidad bien marcada y hasta estereotipada pero que, de todas maneras, funcionan a la perfección.
Otro de los puntos fuertes es la carga emocional de Jorge, tan presionado por sus propios medios y al que lo somete el contexto en general, apesadumbrado por viejas culpas y errores. Darín, si bien personalmente creo que está lejos de ser su mejor papel, transmite virtuosamente cada una de estas cuestiones con sus características miradas y pequeños ademanes tan propios del argentino. Sin dudas, la política es un tema recurrente en toda la cinta. Se ve siempre reflejado en cómo viven sus vidas los personajes y, sobre todo en la etapa de la dictadura, marca un poco el terror de vivir cotidianamente que, aunque no tenga tanto impacto como en otros filmes, delinean un poco el tono del mismo.
Desde lo técnico, está muy bien filmada, con algunos planos bien logrados, casi siempre haciendo hincapié en la emoción de los personajes, con ambientes y música que refuerzan cada una de ellas. Hasta la lluvia es un condimento que sirve como excusa narrativa y Campanella la utiliza a su antojo, con extrema sensibilidad.
De todas formas, en cierto punto de la cinta pierde fuerza la trama y se pierde un poco la atención o la conexión con la audiencia, la cual se retoma en un fuerte punto dramático cerca del último acto. Y más a carácter subjetivo, el espectador puede o no comprar la historia de amor, el gran tema de esta película.
En síntesis, “El mismo amor, la misma lluvia” no llega a ser “El hijo de la novia” ni “El secreto de sus ojos”, pero marca el territorio del director y demuestra de antemano la sensibilidad que posee para contar historias, humanizar personajes y llegar al público con facilidad.

Puntaje: 8/10


Manuel Otero

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